
Me dirijo a ti, a aquel que no responde pero siempre escucha, a aquel que se rompe ante mi palabra a pesar de su dureza. Frío y amargo a momentos, pero fiel compañero de los lamentos. Ruge potente ante mi tristeza, Dios de las noches, que nosotros: los olvidados del mundo, te rendimos pleitesía, añoramos tu compañía a pesar de tu sombrío humor, que de nuestra agonía hace burla.









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