
Aquello que sólo sabe el silencio, aquello que guardo en m alma. La indiferencia con que me protejo, escrutando a todos con mi mirada para evitar que descubran lo que me pasa. Y es que el dolor se me ha adormecido dentro, sin que hierva por el momento, pero aguardando por la llama que vuelva a encenderlo. Si debiera estarme quemando desde el interior sólo puedo sentir la capa con que me he cubierto, sin dejar salir nada al exterior, sin pensar en el daño que nos hemos inflingido ni en como las secuelas perdurarán en el tiempo. Por cada “te amo” dicho, por cada “te extraño” disuelto, por cada momento en tus brazos, una cicatriz, un tormento...









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