
Grité tu nombre con desesperación sin recibir más que silencio por toda respuesta, coartando mis esperanzas e ilusiones. Perdida, confundida, te llame una vez más, sintiendo como el frío lo cubría todo, pero nuevamente eso es todo lo que conseguí.
Palabras diluídas en el viento, que las lleva lejos... que no llegan a su destino, que no llegan a oídos de quien debe oírlas...
Con el corazón empuñado en una mano, queriendo hacerlo trizas, siento tu presencia alli. Dices haberme escuchado, haberme seguido... aquí estás, a pesar de todo... me oíste más allá de la muerte, me escuchaste llamarte y dejaste todo atrás por mí... cortaste el hilo que te ataba a la vida para venir a mi encuentro, para sentirme cerca una vez más, aunque ya no haya retroceso. Te deshiciste de lo único que te pertenecía, para acompañarme en este frío e interminable camino, quemando los puentes tras de i, impidiéndote el retorno. Ni la muerte te intimidó al escuchar mi voz llamándote en la lejanía...









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